Actividades Dept. Actividades

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Pilar Giambanco proviene del ámbito de la fotografía donde ha dejado muestras de su buen hacer a tenor de las diversas manifestaciones artísticas en las que ha participado. Precisamente por venir de donde viene está dotada de una mirada plástica que la habilita perfectamente para captar en un instante la belleza de la realidad cotidiana, aquello que está detrás del acontecer diario y que es puesto en valor por la decisión creativa del artista, mediante la selección adecuada de la luz y del encuadre. Y eso es, justamente, lo que ha logrado en la fotografía que da origen al trabajo que ahora nos muestra.

Esa capacidad de mirar fotográfica constituye un excelente punto de partida para la actividad pictórica. Pilar, además de desarrollar adecuadamente las pautas técnicas del dibujo, sabe poner mucha emoción a su trabajo, algo indispensable para lograr involucrar al espectador.

A partir de una instantánea en la que el ojo del fotógrafo ha sabido captar a la perfección el equilibrio dinámico, mágico, “atemporal”, de una escena callejera, el ojo del artista selecciona un fragmento de la misma -la niña extasiada- para convertirlo en objeto de su actividad pictórica. Comienza entonces un nuevo trabajo estético que consiste en ir dando rienda suelta a la imaginación, en hacer surgir sobre el papel otras niñas mediante la mano que, hábilmente, va utilizando las distintas técnicas: lápiz, carboncillo o pastel. Tal vez lo importante sea la niña –su esencia que, como dice Pilar, es la misma-, pero es en la diversidad de formas donde el arte adquiere sentido. Más aún, sin esas diversas interpretaciones de una misma realidad, distinta cada una de ellas en sus matices de color, textura o tonalidad, ¿acaso podríamos llegar siquiera a acercarnos a la realidad esencial? Cada una de esas interpretaciones, de esas miradas, tiene sentido en sí misma y tiene la capacidad no solamente de hacernos ver lo que significan sino también la de hacernos sentir, de emocionarnos. Contemplémoslas, valorémoslas y disfrutemos de ellas.

Francisca Zamorano. Diciembre 2012

 

 

La niña y la pompa de jabón

Que sucediera en Zaragoza hace un par de años, en plena calle Alfonso, con la alegría que da principio del verano (terrazas llenas, animación por las calles…), creo que no es relevante para nuestra historia. Lo que nos interesa es que sucedió y que yo estuve allí para constatarlo.

Hay una mujer joven en medio de la calle, con un cubo lleno de agua. Introduce una cuerda que lanza al aire y hop, una hermosa pompa de jabón. Fresca, iridiscente, etérea, frágil, que se mueve caprichosamente según la mueva el aire, y desaparece. Otra pompa, ahora más grande, ahora más pequeña. Belleza breve.

Se acerca una niña, fascinada por el milagro que está presenciando. Otros niños intentarían agarrarlas, ella está absorta. Sí, hacer aparecer la belleza de la nada es como hacer magia. Y eso ocurre continuamente.

Realizo una instantánea con la niña de espaldas, no quiero que sea reconocida.

Es como una escultura clásica, con la postura en contraposto. Y esto hace la escena mucho más interesante. Atemporal.

Esta fotografía estuvo expuesta en noviembre de 2011 en la Sala Pro40 de Fotoprix, en la exposición colectiva “Zaragoza” del grupo “Ojos de Mujer”[1].

En febrero de 2012 comienzo una nueva aventura. Gracias a Francisca Zamorano aprendo a desarrollar mi expresión plástica. Proceso en constante evolución y del que no he hecho más que comenzar.

El verano vuelve, y recuerdo la foto. A la niña. Y decido dibujarla. La saco de su contexto. Como decía al principio, no me interesa.

Y como la vida misma, hay mil formas de ver las cosas, y no por ello menos hermosas. Ahora la niña soy yo, y juego con ese concepto.

Serie de dibujos realizados con pastel, carboncillo y/o a lápiz que intentan demostrar que aunque nos vean o nos mostremos de mil maneras, la esencia es la misma, y esto es lo único que cuenta.

Gracias también al Departamento de Actividades de la Escuela Oficial de Idiomas nº1 de Zaragoza las podremos contemplar a partir de enero de 2013. Feliz regalo de reyes.

Pilar Giambanco

Diciembre de 2012.


 

«¡Acariciad los detalles! ¡Los divinos detalles!» (V. Nabokov a sus estudiantes de literatura).

En Blow-Up: Deseo de una mañana de verano (1966), la vieja película de Antonioni basada en un cuento de Cortázar, la ampliación de una instantánea llevaba a descubrir indicios de un crimen, pero la obsesión por ampliar fotográficamente el detalle acababa por desdibujar la realidad de partida. En la serie de variaciones a partir de una inquietante foto de una tarde de verano, P. Giambanco parece haber encontrado la medida justa de lo que se escondía cuando la hizo. Lo interesante de la escena que retrató mientras paseaba cámara en ristre no estaba en el tema central, sino en los márgenes, como casi siempre, donde menos parecía que pudiera producirse el milagro. Así es a menudo como surge la emoción, de forma inesperada, algo parecido a la revelación que buscaba Rossellini en sus películas medio improvisadas. Pilar lo detectó, vio en la niña a una portadora de su verdad, y se puso a trabajar sobre el particolare, que es como se dice en italiano detalle en términos artísticos. El resultado, la serie de variaciones, evoca también algo particular, intransferible, un instante íntimo, pero, al tiempo, como el patio de mi casa que se moja como los demás, accesible a quien haya vivido momentos semejantes.

No queda ahí, sin embargo, la cosa. No vemos los ojos de la niña en el instante de comunión con el mundo. Se diría que, en realidad, no mira la pompa de jabón, ni el escaparate de la joyería, ni nada, sino que parece absorta en algo difícil de concretar, a mitad de camino entre su interior y el escenario, suspendida en un detalle de la vida que pasa. La vida que pasa inaferrable y de la que estas nueve variaciones consiguen extraer el tiempo. En la serie de Pilar, al contrario, por ejemplo, de lo que ocurre en las imágenes pintadas por Monet de la catedral de Rouen, lo que en el fondo cuenta no es la luz cambiante, sino aquello que permanece, la misma fascinación, aunque vestida con ropas distintas.

Javier Brox

Enlace a fotos de otros los dibujos expuestos: (1) (2)

La exposición de noviembre: Fuensanta Sánchez, “Mis preferidos”.

Clica aquí para ver fotos de los cuadros expuestos

 

Cuando se habla de arte, a veces se oye repetir la conocida frase de E. d’Ors según la cual todo lo que no es tradición es plagio. Que ello sea así es seguramente una exageración de alguien con quintaesenciada querencia conceptista , pero no deja de ser verdad que el peso de la tradición es insoslayable para un artista. Ignorarla supone no solo caer en la insustancialidad, sino sobre todo repetir inconscientemente patrones, modelos, imágenes ya tratados por otros, generalmente mucho mejor. Donde se renueva la tradición, donde echas sus raíces lo más creativo es en la variación,  en el tono, en la luz, en el sesgo, en la emoción, mucho más que en el tema, en el fondo, en el motivo. Si se consigue eso, enseguida pasa a ser patrimonio común, reproducible hasta la saciedad, y no solo por medios mecánicos, sino también de alta artesanía. Es difícil saber hasta qué punto las grandes colecciones de arte están salpicadas de falsos, incluso técnicamente mejores que otras obras originales del artista copiado. Algún Chagall de Elmyr de Hory aventaja a otros del propio Chagall.

Por otro lado, la búsqueda de originalidad, de distinción a toda costa, ha embrutecido buena parte del arte contemporáneo, que valora a menudo, por encima de todo, lo pretendidamente rompedor, aquello que choca o sorprende durante unos instantes, los pocos que tarda el espectador en pasar a otra cosa, a la siguiente obra. Hasta hace un par de siglos la copia artesanal era un paso ineludible en la formación de un pintor e incluso los artistas de renombre, una vez alcanzada la madurez, seguían copiando a sus maestros. Hoy en día, por el contrario, en parte por el prurito de originalidad  (¡dime qué te preocupa tanto y te diré de qué careces!) y también por la insuperable calidad técnica de los medios de reproducción  mecánica, la copia manual se ha visto devaluada completamente, casi tanto como la componente artesanal presente siempre, en mayor o menor medida, en el gran arte. En los años que llevo visitando el El Prado, he podido notar cómo ha ido descendiendo el número de copistaspresentes en sus salas, seguramente, porque el mercado al que abastecían también ha perdido pujanza.

Dicho lo dicho, da placer contemplar cómo Santi (Fuensanta Sánchez) entabla relación con sus maestros, hasta qué punto su voluntad de reproducir imágenes de ellos (Léase la entrevista que aparece a continuación) es fruto del placer del espectador enamorado que pretenden rendir tributo, reproducir, compartir, adueñarse de la magia encerrada en esas imágenes por las que se siente fascinada. Hacer lo mismo o algo parecido a lo  que hizo otro a quien admiramos es una manera de intentar desvelar el misterio, un acto de humildad, en el fondo, mucho más que de orgullo, porque implica reconocer  en el modelo a un interlocutor privilegiado con la belleza. El copista aficionado no pinta para sustituir un original o para enmendarlo, sino para acercarse a un ideal, para tocar con sus pinceles el trozo de cielo que el modelo supo iluminar.

Entrevista con la pintora:

¿Cuándo y cómo empezaste a pintar? ¿En qué porcentaje e la eres autodidacta?

Siempre me ha gustado la pintura y hace alrededor de 20 años empecé a dar clases de dibujo,pastel y óleo en la asociación del barrio con Ana Coronado.

¿Si ha cambiado, cómo ha cambiado tu manera de pintar con el tiempo? ¿Qué has aprendido?

Empecé copiando cuadros de autores y luego he intentado seguir de manera autodidacta. Empecé con un estilo más bien naif y muy suave en el color . Después, poco a poco fui intensificando los tonos, según los periodos de mi vida.

¿Cuáles son tus influencias, qué pintores y por qué te gustan en particular? ¿Entre los artistas aragoneses cuáles son tus preferidos?

La pintura que me gusta es el impresionismo, la pintura naif, el cubismo, el puntillismo, entre otras. Mis pintores favoritos son Sorolla, Van Gogh , Picasso, Lamiel, Botero, entre otros. Pintores aragoneses que me gustan son Navarro, Gay, Celia Bayona, Marta Cabeza, entre otros, En la actualidad estoy haciendo un curso de acuarelas con Cuca Muro, también aragonesa. Es un curso que me hace mucha ilusión.

¿Qué salida das a tus obras, las conservas, las regalas, las vendes? ¿Qué te gustaría hacer con ellas?

Mis obras las suelo conservar, aunque he vendido alguna . También, las suelo regalar a las personas que quiero.

¿Qué tipo de satisfacción te proporciona pintar? ¿Cuáles son los inconvenientes?

El pintar me supone una actividad terapéutica para el cuerpo y el alma, maravillosa.

Ya no sé que más contarte,un saludo Santi y gracias por confiar en mí.

 

Texto de presentación de Ricardo Duerto y nota biográfica del fotógrafo.

Entre la pulcritud ortogonal de un plano desplegado por vez primera y la solidez tridimensional de una obra arquitectónica recién terminada, se extiende un proceso constructivo a cuyos principales materiales se suma, inevitablemente, la aleación del tiempo. La cámara de José Luis Ortiz merodea ese punto intermedio entre la zona cero y la línea omega. Traspasa el área pública acotada por la señal triangular de peligro y se planta en mitad de la polvareda, ese volátil síntoma del progreso.

Obra en los ojos cobra sentido en ese intervalo creativo, allí donde los sueños de un constructor de sueños adquieren forma y color poco a poco, en el largo periodo que puede mediar de un cerrar a un abrir de ojos. Igualmente, entre el clic de un disparo fotográfico y su enmarcado final hay un periodo de maduración en el que las imágenes cambian de piel y mudan sus tonos. Tras fijar el instante de máxima alteración en una eterna fracción de segundo, las fotos mutan y pasan a ser otra cosa. Lo que tienes ante tus ojos es justamente el milagro de esa doble metamorfosis: obras cambiantes que son fotos definitivas, fotos cambiantes que son obras definitivas.

A la manera clásica, se llamó opus in fieri a ese estado en vías de desarrollo. El renacido tema del work in progress es su término actualizado. José Luis participa del signo de estos tiempos, días en los que la trama importa más que el desenlace y en donde nos complace descubrir que el espectáculo final es fruto del arte de los preparativos. Acostumbrados a seguir, con idéntica perplejidad, la preparación de un plato, el cómo se hizo una película o la lenta elaboración del cuadro de un tornasolado membrillo. Embobados en la gestación para atisbar mejor el milagro del alumbramiento.

Las artes espaciales se definen por que basta un simple parpadeo para abarcar una fachada, un templo, el boceto de una ciudad entera. Pero estamos ante otro tipo de placer, mucho más melódico, como una página arrancada del álbum de esa sucesión de fotos hechas diariamente a la misma esquina por el estanquero de la película Smoke. En donde el paso de una nube o el peso de una sombra son determinantes. Un asunto más arriesgado y más físico. Para digerir correctamente estas fotografías hay que dejarse deslizar por el interior de las tuberías, ser capaz de sentir el temblor de un mecanismo o soportar el fragor de la maquinaria. Y saber mirar a ras de suelo o a la altura de un voladizo para poder atrapar ese espacio temporal, ese provisional lugar de los hechos habitualmente llamado “zona de obras”, donde se sondea y se proyecta, donde se socava y se asciende. Tras el edificio inaugurado o tras la foto positivada, tampoco nada habrá terminado. Ortiz seguirá ahí, puertas adentro, con el sismógrafo en la mano y el calibre en la otra. Proclama desde hace tiempo que, en arquitectura, como en fotografía, lo que se nos muestra es un todo orgánico, un completo incompleto. Variable y vivo, y que no otra cosa es el arte.

José Luis Ortiz empezó a ejercer como arquitecto con una cámara fotográfica en las manos; y, en los últimos años, cuando ha salido a hacer fotos, le he podido ver acodado en la inestabilidad de cualquier valla, asomado a todas las zanjas, como un reportero en época de guerrilla. Y, como si dispusiera de un íntimo doble juego de espejos, consigue sentar a Fotografía y a Arquitectura cara a cara, conversando a pecho descubierto, obra sobre obra. José Luis conoce lo que una y otra podrían enseñarse y hasta callarse en ese vis-à-vis. Así lo muestra.

Obra en los ojos obra –abre– los ojos. Opera en ellos y actúa sobre la retina y más allá. Hasta el punto de que, al finalizar la visión de las obras, seguros del paso del tiempo, sabremos con certeza que esos efímeros momentos congelados por la cámara serán siempre los mismos y siempre diferentes. Las fotografías aquí expuestas volverán a recrearse a cada nueva mirada, y, lo que es mejor, nuestros ojos conservarán (quizás) el color de su iris, pero resultarán irremediablemente otros, mucho más dilatados. Y atentos ya a cada paso, cautivados por el mínimo detalle, al doblar la siguiente esquina nos dejaremos asaltar, a punta de escuadra y de objetivo, por una vieja sensación, acribillados por una vieja, esquiva y caprichosa dama con ojos de diosa. La belleza.

R.D.R.


José Luis Ortiz Ramos (Villanueva de Gállego, Zaragoza, 1962). Se trasladó con 18 años desde su pueblo natal a la ciudad de Sevilla. Allí estudió Bellas Artes y terminó la carrera de Arquitectura, que viene ejerciéndo, desde 1995, en su estudio de la sierra de Cádiz.

Desde la adolescencia se interesó por la pintura y la fotografía. En su caso han ido siempre de la mano, sin saber muy bien qué va por delante. En su primera exposición fotográfica, en el Ateneo de Mahón (Menorca, 1989), presentó fotografías surgidas de sus pinceles, pintando directamente sobre el negativo. A partir de ahí, en las siguientes colecciones siguió experimentando con coloraciones fotográficas (Coloracción, 1998).

Su penúltimo proyecto fotográfico estuvo vinculado a la danza contemporánea. En la presente colección, Obra en los ojos, suma la temática arquitectónica a su personal sello artístico, entre poético y pictórico.

Clica aquí para obtener más información, otros textos y las fotos de la exposición.

 

El próximo día 16 de octubre iniciarán los ensayos del coro. Los alumnos interesados en formar parte deberán inscribirse a partir del 1 de octubre en la biblioteca de la Escuela. Los ensayos tendrán lugar una vez a la semana, entre las 19:30 y las 21:00.

Si quieres obtener más información sobre el coro visita nuestro blog clicando aquí.

Fotos del coro.

 

 

Obra de Pedro Portellano en la exposición Inéditos, 2011, La Casa Encendida (Madrid).

 

Como parte de  la inauguración habrá una lectura de poemas el jueves 2 de febrero a las 19.30 en el Salón de Actos. Ver poster aquí.

Enlace aquí al blog del Dpto. para más información sobre la artista y su obra.

El Coro de la EOI nº 1 nos presenta "Villancicos del mundo" el lunes 19 de diciembre a las 19.30 h en el Salón de Actos. Si quieres saber más sobre su  directora y sus actuales componentes entra aquí.

Los ensayos del CORO de la EOI nº 1 , formado por alumnos oficiales de este Centro y su Extensión, tendrán lugar los martes lectivos de 19.30 h  a 21.00 h en la Sala de Grabación. ¡Unete a nosotros!

 

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